Las investigaciones no son para que nos gusten. Tampoco para estar de acuerdo o no con ellas. Pero en Guatemala, donde la pràctica de desviar las investigaciones, fabricar pruebas (o extraviarlas), inventar testigos (o callarlos) y escudarse tras las etiquetas de “crimen pasional”, “delincuencia comùn” o “ajuste de cuentas” para justificar que un crimen no amerita ser investigado ha sido el pan nuestro de cada día durante décadas, era de esperarse el escepticismo con el que fue recibida la conclusión a la que llegó el Sr. Castresana sobre el crimen de Rodrigo Rosenberg, sobre todo para los que se sienten utilizados por haber participado en las protestas originadas tras su muerte y traicionados por aquel al que llegaron a llamar héroe. Tampoco es de extrañar que, dada la polarización de nuestra sociedad, que también lleva muchos años corroyéndola y que no ha sido sino alimentada por este gobierno irresponsable, algunos se hayan dado a la tarea de burlarse del deprimente estado de ánimo de un “niño bien” y de paso de los incautos a quienes engañó con su video. Una muestra más de nuestro deterioro como seres humanos, ya que tan equivocado es pensar que el sufrimiento de un pobre no merece ser tenido en cuenta, como el creer que el ser rico exime a alguien del dolor humano de perder a un ser querido.
El caso es que estamos ya tan ciegos y somos tan cínicos, que nuestro raciocinio ya no es capaz de distinguir una investigación profesional e imparcial. Nos han visto la cara tantas veces, que preferimos ya no creer nada, ante el riesgo de ser engañados otra vez. El Presidente se apresura a declararse víctima inocente de los complots y las calumnias y sale prematuramente a pasear en su caballo blanco. Pero la cosa no es tan simple. Hay más de 6,000 crimenes aún sin esclarecer, entre ellos los de Khalil y Marjorie Musa. Mientras esos dos asesinatos no se aclaren, los señalamientos de Rodrigo Rosenberg no quedarán desvanecidos, sin importar lo que las personas quieran pensar ahora de èl. Y mientras el resto de las 6,000 víctimas (más las que ya contamos en este año) no tengan acceso a una investigación de la categoría de la llevada a cabo por el Sr. Castresana para que los crímenes que se cometieron contra ellos dejen de engrosar las cifras de la impunidad, el clamor por justicia de los manifestantes blancos seguirá vigente y el Gobierno no debería cantar victoria ni regocijarse en la miseria de un hombre cuya desesperación lo llevó a rebasar el límite de la cordura.
A pesar de lo horrendo que es comprobar el hecho de que personas honorables recurren a métodos tan poco honorables como la contrataciòn de sicarios, aun cuando sea para eliminar a un “supuesto” delincuente, los invito a detenerse un momento antes de levantar la piedra que arrojarán contra Rosenberg o los hermanos Valdéz. No hemos comentado alguna vez en voz baja a favor de un linchamiento? No hemos apoyado silenciosamente la limpieza social? Alguna vez hemos creído en la necesidad de juicios o ejecuciones sumarias? Porque la diferencia puede ser simplemente que estos señores cuentan con los recursos para hacer lo que otros solamente sueñan. Ahora sí, el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.